viernes, noviembre 25, 2016

Noticia sobre Costura y Sastrería - Corte y Confección

Noticia sobre Costura y Sastrería - Corte y Confección
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Escuelas de corte y confección: la desaparición de un oficio
Hubo un tiempo en que costureras y modistas eran personajes activos en el ámbito social. En ese entonces abundaban las escuelas de confección, las telas y las sastrerías. La industrialización del rubro y la llegada de ropa importada le dieron un golpe al oficio, que ha tenido que reinventarse para subsistir. “Los sastres y las modistas ya no se dedican a confeccionar, sino a reparar y transformar”, dice un especialista.
Descripción de este archivo El taller de máquinas de coser del Liceo Industrial de Santiago (ex A 22) es lo más parecido a una mediana industria de costura. Desde las ocho de la mañana, las alumnas se sientan a aprender a manejar una tecnología que cada vez necesita menos trabajo manual. Al fondo, en una sala solitaria, las máquinas bordadoras suenan fuerte, programadas de manera automática para confeccionar logos de uniformes.
Mientras, Hernán Vergara, profesor hace 39 años y además ex alumno, toma en sus manos una enorme estructura de moldaje en papel.
–Por suerte, las digitalizadoras aún son torpes y permiten que tengamos que dibujarlas a mano –dice con aires de nostalgia.
A su lado está la alumna Karol Espinosa, quien se cambió de colegio para entrar a la especialidad. Hace un tiempo compró su propia máquina de coser y ya ha logrado hacerse una pequeña clientela que le encarga reparaciones como bastas o cortinas.
–No sé si mis compañeras quieren seguir en esto. El curso es diverso. Pero personalmente quiero llegar a ser diseñadora y tener mi propio taller de costura. Para eso tengo que hacer la práctica y luego seguir estudiando. Me encanta hacer ropa, no hay nada mejor que confeccionar prendas propias, que sean únicas y a medida –dice.
De acuerdo a los recientes estudios de diagnóstico de Educación Técnica Profesional (ETP) del Ministerio de Educación, la especialidad de confección en los liceos técnicos disminuyó un 31 por ciento en el periodo de 2004 a 2008. Esto se debe principalmente a que muchos establecimientos han dejado de impartir las especialidades asociadas. Por otra parte, observaron que los egresados de 2008 “no solo exhiben las menores probabilidades de estar empleados, sino también los menores promedios salariales asociados”.
El Liceo Industrial de Santiago mira estos números sin alarmarse. Sus autoridades entendieron hace tiempo que si querían sobrevivir a los cambios, debían sacrificar la aguja y el dedal. Por ello, mientras otros liceos seguían especializando a sus alumnas en bordado o tejido, ellos se enfocaron en enseñar lo que requiere el mercado actual, convirtiéndose así en uno de los únicos establecimientos de la capital en continuar impartiendo cursos de corte y confección. Lograrlo no ha sido fácil.
Han tenido que hacer malabares para no dejar de enseñar un compilado de materias –que incluye rubros tan amplios como vestuario femenino, masculino, infantil y artículos para el hogar– incluso después de que, en 1996, se redujera la formación de cuatro a dos años. También han tenido que ceder y adaptar su oficio a los tiempos actuales.
–La tecnología ha permitido que nos diferenciemos. Antiguamente mandábamos a bordar o a estampar a otros talleres las prendas que confeccionamos.
Ahora estas técnicas se incorporaron en el currículum. Por otra parte, estamos constantemente yendo a empresas o fábricas y atentos a las nuevas tecnologías –dice Pricilia Cornejo, directora del Liceo Industrial de Santiago.
A pesar de ser un colegio estatal, la Fundación Arturo Irarrázaval Correa les donó modernas máquinas de coser y bordadoras industriales, hasta computadores, plotters (máquinas para imprimir moldes a tamaño real) y digitalizadoras.
Eso les ha permitido salir adelante.
Para Hernán Vergara basta con recorrer la calle Santo Domingo para darse cuenta de que la industria textil ha disminuido. Solo queda el recuerdo de lo que fueron tiendas de telas nobles, o bien, elegantes sastrerías situadas en los segundos pisos de las casas de la calle Bandera.
El Liceo Industrial de Santiago comenzó su historia en el año 1938 como la “Escuela de Artesanos de Sastrería” en una época en que la confección tenía ese rol social indispensable. Una época en que abundaban los sastres de cabecera y en que las costureras iban a las casas por horas a arreglar, zurcir y diseñar prendas menores.
La historia de las escuelas especializadas en confección es de larga data. Nacieron tímidas en el siglo XIX y proliferaron con el correr del siglo XX. Carolina Loyola, Doctora en Historia de la UC, explica que ya en 1930 había más de treinta escuelas repartidas en todo el país.
El oficio se tornó masivo. Talleres de confección, escuelas nocturnas, y hasta colegios religiosos comenzaron a enseñar a una gran cantidad de mujeres que veían en este trabajo una forma de salir de sus casas y aportar económicamente al hogar.
Carolina Loyola explica que ser costurera y modista era un trabajo “socialmente aceptado”, por lo que el oficio fue un aliado para una primera inclusión de la mujer al mundo laboral. A comienzos del siglo XX la industria textil en Chile estaba en etapa de auge y requería trabajadoras en las fábricas o tiendas.
–Hasta al menos 1930, las ocupaciones de “costureras y sastres” se encontraban entre las diez más importantes, cuantitativamente, en la estructura laboral. De acuerdo al censo de 1930, el 2,1 por ciento de la población activa decía tener estas ocupaciones –cuenta Carolina.
El escenario social y las maneras de percibir el vestuario eran diferentes también al actual. Según el historiador Emilio Toro Canessa, quien investigó en la ciudad de Valparaíso, el trabajo de las modistas, los sastres y las costureras se veía fomentado por un ímpetu social de exhibir el vestuario en calles, fiestas y lugares públicos.
–El rol de este oficio era indispensable, muchos sastres tenían que realizar cuatro trajes en una semana.
Trabajaban incansablemente desde las siete a las tres de la mañana. A esto se suma que, en ese entonces, había mucha actividad propicia para mostrar el vestuario: la misa, el teatro, obras sociales o la ópera. Cada ocasión requería trajes diferentes –cuenta el historiador, quien junto a la diseñadora textil y gestora Ángela Herrera Paredes son autores de la investigación “Costureras, Sastres y Modistas: Contexto manufacturero en Valparaíso; 1890 a 1960”, proyecto Fondart 2013.
Para estos historiadores, es necesario establecer diferencias: sastre, no es lo mismo que modista, ni costurera.
–La costurera era una persona que tenía nociones básicas de coser, luego estaba el sastre (o sastra) dedicado al vestuario masculino y la modista (o modisto) al femenino.
En Valparaíso hubo mucho modisto que confeccionaba ropa femenina –dice Emilio Toro.
Como es de esperar, el oficio en torno a la costura aportó sus semillas a los primeros movimientos de emancipación femenina. En 1887 la costurera Micaela Cáceres creaba la Sociedad de Obreras Nº1, con el objetivo de defender a una compañera a quien querían despedir por faltar al trabajo debido a la enfermedad de uno de sus hijos. “Años más tarde, la Unión Femenina de Chile, creada en 1927, consigue el voto municipal en 1931”, explica Emilio Toro.
Pero nada duraría para siempre.
Hacia 1960 las importaciones y la masificación del vestir comenzaron a golpear por primera vez el rubro de la confección y, con ello, la educación tuvo que modificarse. Comenzó a llegar la vestimenta fabricada y la gente dejó de mandar a hacer sus trajes: les era más barato comprar una camisa o un pantalón y luego enviarlo a ajustar. “Los sastres y las modistas no desaparecieron, más bien ya no se dedicaron a confeccionar, sino a reparar y transformar”, agrega el historiador.
Las escuelas técnicas de confección fueron disminuyendo poco a poco.
Para Carolina Loyola la mecanización del rubro textil generó que esas mujeres que antes eran necesarias para la industria fueran cada vez menos cotizadas. Eso provocó que comenzaran a optar por otros oficios, algunos más administrativos como el secretariado.
En julio pasado, y luego de analizar los resultados de una serie de estudios, la ministra de Educación anunció una modernización curricular importante en la ETP para el 2015. Estos cambios implican que especializaciones en torno a la confección, como textil, tejido y productos del cuero serán ahora agrupadas como “Vestuario y Confección Textil”. No es la primera reforma que se ha aplicado a lo que fue una de las profesiones ícono de la primera mitad del siglo XX. Ya en 1996 se había optado por disminuir el currículo a la mitad. Esas transformaciones han llevado a muchos colegios a cerrar sus talleres, pero Pricilia Cornejo, la directora del Liceo Industrial de Santiago, dice que por suerte, ella no ha tenido que hacerlo.
Su matrícula no disminuye, incluso ha percibido un aumento en los últimos tres años.
Su máxima preocupación es que los alumnos, en su mayoría jóvenes en situación de alta vulnerabilidad, efectivamente terminen la formación.
Muchos desertan antes de hacer la práctica y solo el 10 por ciento continúa con estudios superiores, donde opta por entrar a estudiar carreras como Pedagogía Básica.
Soledad Millañir es una de las costureras que pasaron por el Liceo Industrial. Cuenta que ha tenido suerte. Una vez egresada, hizo su práctica en la fábrica de Umbrale, a pocas calles del liceo. Y sigue trabajando ahí.
–Como todo trabajo, hay que empezar desde abajo. Ya llevo cinco años acá, en los cuales he podido aprender y especializarme más. También pude ahorrar para entrar a estudios superiores, ojalá el próximo año.
Hernán Vergara asegura que es cosa de darse una vuelta por Patronato y de ver los carteles colgados que ofrecen trabajo de costurera o moldista para darse cuenta de que el oficio aún no se ha extinguido.
–Afortunadamente, hay un montón de nichos que son de respuesta rápida y que la ropa importada no satisface, como el vestuario corporativo o de seguridad. Por ejemplo, empresas con 80 empleados que necesitan un uniforme, o delantales para una clínica
–agrega Hernán Vergara. Dice que uno de los rubros de la confección que más sufrió con los cambios fue el vestuario masculino. Para él, esa fue una de las razones por la cual cerraron las escuelas. No había tanto profesor especializado para enseñar ese gran conjunto de materias.
–Ya no hay sastres. Cuando la reforma de 1996 exigió enseñar vestuario femenino, masculino e infantil, las escuelas femeninas, que enseñaban a realizar únicamente prendas livianas, tuvieron que cerrar –explica.
Actualmente los enfoques son otros. Para la directora del Liceo Industrial de Santiago, las razones del éxito en la matrícula son que sus profesores han sabido innovar con nuevas especialidades demandadas por el mercado, como bordado industrial, serigrafía o estampado.
Vergara, por su lado, dice que los alumnos también han cambiado.
–Los chicos de hoy son diferentes. Quieren todo rápido y no hay tiempo para admirar lo que se hace. Terminan una prenda y van por la otra. Los tiempos de las pruebas o de tomarte un café con el cliente para saber.

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