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viernes, febrero 17, 2017

Noticia sobre Cocina Facil

Noticia sobre Cocina Facil
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Cocina fácil: Ensalada para combatir el insomnio
Si te cuesta conciliar el sueño esta receta con kiwi y aguacate te ayudará a reconciliarte con la cama
Cenar sano y ligero es una de las mejores opciones para tener un sueño reparador. Las ensaladas son rápidas y fáciles de hacer pero no todas se digieren de la misma manera. En esta ocasión os proponemos una con ingredientes que te ayudará a combatir el insomnio. Cuenta con kiwi, que aumenta la calidad de sueño, y granada que aporta melatonina natural, una hormona que nos incita a dormir. Si tienes problemas a la hora de conciliar el sueño, no lo dudes, ésta es tu ensalada:
Ingredientes:
- Medio aguacate
- 1 Cdta. Cilantro
- 2 Cdtas. Cebolla
- 30g Granada
- 1 Cdta. Aceite de oliva
- 1 Cdta. Guindillas
- 3 Kiwis maduros
- Sal y pimienta
Elaboración :
- En un bol grande mezclamos el kiwi y el aguacate pelados y troceados
-Añadimos los granos de granada y la cebolla muy picada.
-Rociamos por encima el aceite de oliva y removemos todo muy bien.
- Incluimos la guindilla muy picada, el cilantro, la sal y la pimienta. ¡Y listo, dulces sueños!

miércoles, febrero 08, 2017

Noticia sobre comida típica Italiana

Noticia sobre comida típica Italiana
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Cocina italiana, el arte de hacer historia
Italia es un país que le ha exportado al mundo su gastronomía, a través de una historia comprometida entre fuegos y aportes de otras tierras.
La historia nos cuenta que la comida italiana recibió influencia de otros países, tales como Grecia, África y los países asiáticos. Los griegos, africanos y asiáticos que se establecieron allá, llevaron sus comidas y maneras de cocinar, de los griegos se recuerda la elaboración de un pan plano, el cual se imagina llevó a la creación de la pizza que hoy conocemos.
El hecho de comer para los italianos no es un acto sencillo, tiene un significado mayor.
El hecho de comer para los italianos no es un acto sencillo, tiene un significado mayor. Es un momento de socialización, de la unión con sus familiares y de esa posibilidad en la que nacieron los platos ricos y variados.
La gente del norte de Italia usa cereales para hacer sus platos tradicionales, tales como el risotto, que se hace de arroz, y la polenta, que es un tipo de harina hecha de maíz, el cual se puede asar o cocer.
La polenta, en tiempos lejanos, fue un plato típico de las familias pobres del norte de Italia, algunas tenían la costumbre de alimentarse con polenta en todas las refecciones del día.
En el sur de Italia el clima es seco y rocoso y los granjeros que viven en esta área, platan aceitunas para comer y también para hacer el aceite. Este se usa mucho en la comida italiana, también en el sur, a la gente le gusta preparar la comida con muchos condimentos.
El orégano por ejemplo, es un tipo de condimento típico de la cocina italiana. Aunque se encuentre el orégano el toda Europa, es en el sur de Italia que se produce el orégano de mejor aroma. La gente del sur también tienen la tradición de después de preparar la salsa, la guardar en botellas.
Los italianos usan también bastante quesos en la comida, de éstos los más conocidos son: el parmigiano reggiano y el granna pagano. En 1840, se introduce el parmigiano el cual se usa en la mayor parte de los platos italianos. En Liguria, los quesos más usados son: el gorgonzola, el marscapone y el lodigiano.
También son famosos los dulces de Italia, por ejemplo la región de Sicilia está bien conocida por producir el cannolo, un dulce que está rellenado con natillas.
También, son famosos los dulces de Italia, por ejemplo la región de Sicilia está bien conocida por producir el cannolo, un dulce que está rellenado con natillas.
El menú principal en Italia que se come en el medio del día, es compuesto de tres platos: el primero, usualmente es el arroz o la pasta, el segundo y principal plato está compuesto de carne, pollo o pescado y, por último, el postre, después de este en algunas regiones suele comerse el queso y la fruta.
Por ser la pasta el orgullo de los italianos y por hacer parte del día a día de millones de personas, vamos hablar un poco de este plato especial.
El origen de la pasta no es muy cierto como se ha conocido, no se puede decir con certeza quién inventó la pasta. Hay relatos de que Marco Polo trajo la pasta del oriente, pero también se sabe que él volvió a Italia en el año 1295 y que antes de esa fecha ya había informaciones de la existencia de la pasta.
Algunos afirman que fueron los árabes que inventaron la pasta, pues conocieron al trigo antes de los italianos. Hasta hoy todas estas historias son cuestionables, pero de una cosa los investigadores tienen certeza; el clima de Italia siempre fue bueno para el crecimiento del trigo duro, de donde viene la sémola.
La sémola se usa para hacer las pastas secas, las mismas se hicieron populares en los siglos XIV y XV y en el siglo XVII lograron ser parte importante de la dieta italiana, porque era un plato económico que se podría adquirir fácilmente y además versátil en su preparación.
Sabemos cuál es la reacción de cualquier individuo cuando en cualquier caótica ciudad industrial del mundo, cansado y deprimido, encuentra un letrero de comida italiana: siente que su corazón se conforta. Se trata de una cocina rica, nutritiva y saludable, transmitida por siglos a través de la vida familiar. Su carácter es esencialmente campesino, como tal, está vinculada a los frutos que se producen en el curso de las estaciones. En consecuencia, es una cocina genuina y basada en ingredientes naturales.
Se trata de una cocina rica, nutritiva y saludable, transmitida por siglos a través de la vida familiar.
Es tan variada como completa: verduras, hortalizas o legumbres, ingredientes esenciales de las tradiciones locales italianas. Pero, también ofrece una gran variedad de carnes, excelente pescado (abundante en los mares de la península), quesos aromáticos y deliciosos postres.
Con todo esto, es indudable que el elemento fuerte en nuestra la mesa italiana es el “primer plato”, en todas sus variedades: pasta “seca” o en caldo, diferentes tipos de arroz guisado, sopas y minestrones, flanes, etc.
No podemos olvidar que gran parte de los platos tradicionales más difundidos provienen de la cocina pobre, campesina y de las clases menos pudientes que en el transcurso del tiempo han creado aún por difíciles condiciones de vida, se logran auténticas “especialidades”.
Un ejemplo de ello son las sopas a base de pan duro y verduras, como la ribollita y el acquacotta de la Toscana, y una gran cantidad de platos que a pesar de basarse en ingredientes de bajo “linaje” se han transformado en platos clásicos de la cocina italiana.
Esto demuestra que el buen sabor de un plato se debe esencialmente, a la combinación mágica y única de sabores y aromas, tiempos de cocción, dosis de ingredientes, capacidad creativa individual y esmero durante la preparación.
Gastronomía del Centro de Italia
Foto: Saltaconmigo.com
En el centro de Italia la carne y las verduras son las estrellas de la cocina: sopas de verduras consistentes como las ‘minestrone’ y la ‘cipollata’, cuya base es la cebolla, son deliciosas. Sin olvidar además de las alcachofas, los espárragos, las setas, las judías verdes, las espinacas o las trufas que se preparan sencillamente y se comen solas o como acompañamiento a la carne de cerdo, de cordero o de vaca asada o a la parrilla.
Tampoco se puede dejar de probar las brochetas ‘alla porchetta’ preparadas con carne de cerdo que se asa previamente y después se trocea y se rellena con hierbas aromáticas.
El pescado no es un plato básico pero merece la pena destacar la sepia en el Lazio y la carpa a la parrilla de Umbría. El aceite de oliva se utiliza como aliño junto a las hierbas aromáticas y se cocina con grasa animal. En las zonas montañosas se utilizan con abundancia los picantes para contrarrestar el frío.
Los quesos con la leche de oveja, son un buen acompañamiento. El ‘Pecorino’ es el típico de la zona, además de poder encontrarlo con un ligero sabor picante en su presentación ‘Pecorino romano’.
Gastronomía del Sur de Italia
Foto: Traveler.es
El Sur de Italia se caracteriza por una cocina sencilla, que tiene su base principal en el aceite de oliva. De primero se puede tomar una gran variedad de verduras: tomates, calabacines, coliflor, berenjenas o pimientos aderezados con plantas aromáticas, sin olvidar las sempiternas cebollas Lampasciuoli, las setas o los espárragos silvestres.
La pasta no podía faltar y la elegida por los sureños, además de la pizza, son los macarrones y los espaguetis. Es una delicia probarlos aderezados con la salsa especial elaborada con carne de cerdo, salchichón, huevo, requesón y mozzarella.
Tampoco se puede dejar de degustar la pasta preparada con harina integral y sémola de maíz que suele acompañarse con una salsa de verduras, toda una maravilla para el paladar. En cuanto a pescados la variedad para elegir es muy amplia: sardinas, pulpo, doradas, salmonetes o lenguados, sin olvidar los mariscos muy frescos o preparados en la sopa ‘Zuppa Tarentina’, típica de la región y con un sabor muy agradable.
Asimismo, los quesos como el ‘Buvino’ hecho con leche de vaca relleno de mozzarella, mientras que el ‘Burrino’ sustituye la mozzarella por mantequilla. Son suaves, pero si se prefiere el queso más curado pruebe el ‘Provolone’. Y como postre nada mejor que las pastas fritas rellenas de crema o los pastelillos fritos con miel y frutas escarchadas.
La Cocina de las Islas
Foto: cristalderoca.com
Las islas tienen su propia cocina muy influenciada por los pueblos que las han dominado en el tiempo. Cerdeña tiene cierto gusto catalán en platos como la ‘Favata’ compuesto por habas, tocino, salchichas y chorizo o la ‘Leprudida’ muy parecida a la olla podrida española.
Sin embargo, destaca por su espectacularidad el ‘Torro del Ciabettino’, ternera rellena con un cochinillo que a su vez contiene una liebre en cuyo interior descubriremos diversas carnes de aves, a pesar de que pueda parecer increíble.
Sicilia es plenamente mediterránea: excelentes pastas y pescados. A menudo combinados, son la base de su cocina y ambos de extraordinaria calidad ya que es la tierra de los mejores cereales. Probar los macarrones con ragout de pescado o con verduras o simplemente en su caldo, puede ser una experiencia inolvidable.
Del mismo, las ‘Arancini di riso’, bolas de arroz con guisantes, menudillos de pollo, queso fresco y huevo duro que se rebozan y se fríen, son exquisitas. No se puede dejar de disfrutar con riquísimo bizcocho mezclado con frutas, chocolate amargo y requesón que se conoce como ‘Cassata’ y que procede de la repostería árabe.
Los quesos en ambas islas suelen ser de oveja y si se prefieren los quesos fuertes lo mejor es probar el “Piacentino”, muy curado y sazonado con pimienta en grano.
Vinos: Para que la comida resulte un completo placer, lo apropiado es regarlas con los excelentes vinos italianos, los cuales tienen 194 denominaciones de origen que dan fe de su gran calidad. Junto a los Marsala, Brunello di Montalcino, Spumante d’Asti, Barolo, Barbera, Chianti o Valpolicella existen otros menos conocidos pero de muy buen carácter.
Sin ningún tipo de reparo lo aconsejable es probar cualquiera de éstos ricos caldos. Los licores italianos son el colofón ideal para una deliciosa comida, eso sí siempre después de un aromático y delicioso!!!

sábado, febrero 04, 2017

Noticia sobre Cocina rápida para universitarios

Noticia sobre Cocina rápida para universitarios
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El 23% de los estudiantes universitarios admite almorzar diariamente comida chatarra Los completos, las hamburguesas, las papas fritas y las sopaipillas llevan la delantera en las preferencias de consumo. La falta de tiempo para almorzar y las pocas opciones para adquirir comida saludable en sus lugares de estudio son algunos de los factores que mencionan como causantes de esta mala alimentación.
Chile ocupa el triste récord de tener una población con alto índice de sobrepeso y obesidad, ostentando el tercer lugar en América Latina. Diabetes, hipertensión e incluso cáncer son algunos de los males que trae aparejados la mala alimentación y falta de ejercicio.
Un estudio realizado por estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética del Instituto Profesional ENAC concluyó que los jóvenes son un grupo altamente expuesto a adquirir algunos malos hábitos de alimentación. Ello, debido a que están sometidos a factores que facilitan estas prácticas, como la falta de tiempo para almorzar, malos hábitos adquiridos desde la casa, las pocas opciones de comida saludable que tienen en sus lugares de estudio y, por el contrario, la facilidad que les otorga el entorno para consumir comida chatarra. De hecho, cada vez es más frecuente observar en las cercanías de los barrios universitarios carritos que venden hot dogs, papas fritas o sopaipillas, y locales especializados en comida chatarra. Ésta contiene, por lo general, altos niveles de grasa, sal, condimentos o azúcares, que estimulan el apetito y la sed, y numerosos aditivos alimentarios, como el glutamato monosódico (potenciador del sabor) o la tartrazina (colorante).
Los alumnos de ENAC realizaron el estudio mediante una encuesta cualitativa a estudiantes de educación superior del Barrio República, en Santiago Centro. En ella, un 77% de los entrevistados señaló consumir comida “casera” a la hora de almuerzo (71% hombres y un 84% mujeres), mientras que el 23% restante admitió el consumo diario de comida chatarra (29% hombres y 16% mujeres).
En estos últimos casos, los alimentos de mayor consumo son los completos (56,5%); las hamburguesas (21,5%), las papas fritas (17,5%) y las sopaipillas (2,5%). Llama la atención, el alto porcentaje de jóvenes que no consume frutas y verduras: un 20% reconoció no tener ese hábito.
La encuesta sobre hábitos alimentarios incluyó también preguntas en relación al consumo de bebidas alcohólicas. Un 81% de los entrevistados admitió consumirlas (87% hombres y 75% mujeres); y un 40,5 % admitió hacerlo más de una vez por semana. Entre las preferencias, figuran la cerveza (56%), el ron (32%) y el vino (6%).
La nutricionista y docente de ENAC, Jeannette Espínola, señala que estos malos hábitos alimentarios tienen su causa en las modas, pero también en el bajo interés que demuestran actualmente las familias por enseñar buenas prácticas de nutrición a los hijos. Así, estos poseen poco o nulo conocimiento respecto de la repercusión que tiene en su salud una mala alimentación.
En cuanto al consumo de alcohol por parte de los jóvenes, la profesional sostiene que las cifras son preocupantes, ya que estos productos afectan directamente el rendimiento intelectual de jóvenes y adultos. “En principio, las bebidas alcohólicas generan una respuesta placentera y estimulante en el organismo, pero luego se vuelve depresora del sistema nervioso central y lo expone a disminución en la respuesta refleja e incluso en algunas personas se desencadenan actitudes de autodestrucción y depresión”, explica.
Alimentación saludable para un buen rendimiento académico
La alimentación saludable en toda etapa de la vida es primordial para asegurar la salud y buen rendimiento físico e intelectual. Por eso, la cantidad y calidad nutritiva de los alimentos que consuman diariamente deben estar de acuerdo a la necesidad nutritiva de la persona.
En el caso de los jóvenes, un almuerzo sano debe incluir alimentos variados, de diferentes colores, texturas, sabores. El ideal, comenta Espínola, es que consuman una porción de ensaladas, una porción de algún guiso, fruta y si es necesario pan.
En tanto, si el estudiante transporta el almuerzo desde la casa, recomienda guisos que posean un menor contenido de agua, como es el charquicán; fideos con carne y salsa; arroz con verduras y carne; pollo o pescado; croquetas de pescado en conserva acompañadas de ensalada de papas o puré.
Otras alternativas son las leguminosas, que pueden servirse como ensaladas o puré, y también las tortillas de verduras (espinacas, acelgas, zanahoria, zapallo italiano, coliflor, etc.) acompañadas de arroz o puré; panqueques o pizzas rellenos con verduras (primavera, acelgas, espinas, porotos verdes con pimientos de colores, etc.).
Por último, la nutricionista señala que es fundamental el consumo de verduras y frutas. Porque a largo plazo, “la falta de consumo de éstos produce “cansancio crónico” en el estudiante, por un déficit de las vitaminas, minerales y antioxidantes que entregan estos nutrientes”, concluye.

lunes, enero 30, 2017

Noticia sobre cocina Marina

Noticia sobre cocina Marina
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En la ruta de la cocina marina de Sicilia Con un hijo que se resiste
Sicilia puede ser el paraíso de los pescados y mariscos que cualquier viajero culinario sueña, pero también la pesadilla para un niño poco aficionado a estos productos. Este es el resultado del circuito de un padre especialista en estos platos y su hijo... más bien escéptico.
"Este es el plan -le dije a Luke, mi hijo de 8 años-. Cada día iremos a distintos restaurantes y comeremos cosas nuevas".
-¿Qué comen en Sicilia?
-Mucho pescado.
-¿No podrías escribir sobre otra cosa?
Soy pescador apasionado y escribo sobre temas del mar, y Sicilia ha sido para mí siempre el epicentro del Mediterráneo: un lugar donde los mariscos llegan a la mesa transformados mediante una antigua mélange que combina cocina europea y del norte de África. Mi hijo, sin embargo, tiene el paladar de un marinero de agua dulce. Aun así, cuando surgió la oportunidad de ir a Sicilia, decidí que era momento de deshacerse de la camisa de fuerza culinaria que mi hijo se había impuesto.
Siguiendo el consejo de la autora de libros de cocina Nancy Harmon Jenkins, elegí cuatro centros distintos de la cocina siciliana: Palermo, Trapani, Catania y los pueblos alrededor de la colina de Ragusa. En el camino, con mi pareja, Esther, le ofreceríamos a Luke pequeños sobornos: un partido de fútbol en Palermo, una salina con flamencos en Trapani, una caminata hasta el monte Etna. Pero el centro de todo serían los pescados y mariscos.
Palermo
Tinta de calamar y fútbol
Poco después de aterrizar en Palermo, llevamos a Luke a Piccolo Napoli, una trattoria poco lujosa. Mi ojo nadó sobre el menú hacia el bucatini con le sarde, una pasta larga y hueca en una salsa de sardinas espesa, verde y amarilla por el uso de hinojo silvestre y azafrán. Luke no lo tocó. Luego me fijé en la pasta de tinta de calamar. En casa, Luke había comido pasta "negra", sin saber lo que la versión industrial había usado para obtener su color. La preparación artesanal de Piccolo Napoli tenía partes iguales de tinta de calamar y espaguetis. "La pasta ni siquiera es negra", dijo Esther. Luke lo probó y le dio una arcada. "¡Ew!", exclamó con un anillo de tinta alrededor de la boca.
Probé el plato. Definitivamente no merecía ese "ew". Era fragante, con la exuberancia salada del océano. Así que, saliendo del restaurante, a pesar de que me había gustado la comida, tuve la sensación de que había pedido la primera ronda con Luke.
La revancha llegó -sorprendentemente- en un partido de fútbol: Palermo contra AC Milan. Si mi pasión es el pescado, para Luke lo sería el fútbol. Llegamos a nuestros asientos y quedamos rodeados por fans de aspecto duro y vestidos de rosa, el color del equipo de Palermo.
Cuando el árbitro marcó un cuestionable cobro, los iracundos partidarios del Palermitani patearon los asientos y lanzaron gestos obscenos a un grupo de funcionarios del gobierno de Milán que estaban de visita. Entre los gritos, un representante del equipo de Palermo me apuntó: "Usted es de Estados Unidos, ¿no? Lo invitamos a un encuentro durante el medio tiempo".
Con Palermo perdiendo 1 a 0, nos amontonamos en un salón para encontrar un buffet marino. Láminas de lenguado crudo marinado, pequeños vasos cuadrados llenos de tentáculos de calamar y un salmón al horno. El mozo cuchareó lo que parecía ser un ragú de pasta en una bandeja de gran tamaño. Efectivamente era ragú, pero de pez espada. Pasé el plato a Luke y él comió con gusto.
-¿Sabes? -dije cuando terminó-. Era pez espada.
-No, no lo era.
Palermo terminó perdiendo 2 a 1. Por mi parte sentí que yo había empatado.
Trapani:
El amenazado atún rojo
Fuimos al oeste hasta Trapani, una ciudad peninsular que marca la división entre el mar Tirreno y el resto del Mediterráneo. Trapani ha sido históricamente paso migratorio para el magnífico atún rojo del Atlántico. Desde la época romana, los pescadores han aprovechado esta geografía natural para conducir al pez gigante hacia las redes donde eran atrapados y arponeados hasta la muerte en un sangriento procedimiento conocido como "mattanze".
Fue en Trapani donde enfrenté mis propios escrúpulos respecto del consumo de este pescado. He escrito mucho acerca de la trágica sobrepesca que ha sufrido. Las flotas industriales han reducido el stock en el Mediterráneo de forma espectacular durante el último medio siglo. Pero hay algunos signos esperanzadores. El año pasado, el jefe científico especializado en atún del World Wildlife Fund declaró que se han hecho "esfuerzos extraordinarios". Aún así, tenía la esperanza de evitar comerlo. Pero resultó difícil.
En la Cantina Siciliana, dirigida por un pescador llamado Pino Maggiore, probamos un antipasto que incluía sardinas marinadas, camarones rosados crudos y atún rojo en carpaccio y una bottarga con sus huevos. Mejor recibida resultó una jugosa caballa cocida en limón y un couscous de mariscos. También llegó una porción abundante de busiate, pasta local larga que se enrosca sobre sí misma y que se sirve con auténtico pesto de Trapani a base de ajo, tomate y almendras. Aunque Luke encontró intrigante la forma del busiate, prefirió la salsa marinara.
También disfrutó del otro sabor memorable de Trapani: la sal que ayudó a transformar esta ciudad en un centro de procesamiento de pescado durante siglos. Así conocimos a Salvatore Gucciardo, hijo mayor de un clan de productores de sal.
A poco andar, Luke se hizo amigo de otro niño de 5 años, sobrino de Gucciardo, y juntos recorrieron humedales brillantes flanqueados por un lado por los acantilados de la colina de la ciudad de Erice y el mar azul pulsante por el otro. Los flamencos estaban inmigrando desde África a medida que el calor de la primavera comenzaba a penetrar los huesos de la isla.
Probamos la sal de los Gucciardo desde los montones donde estaba secándose. Tan brillante e intensa era que más tarde me di cuenta de que bastaría una fracción en mis recetas caseras, siempre y cuando fuera auténtica "sale Trapanese".
Pero como buen siciliano, el comerciante no nos podía dejar ir solo con sal. Después de todo, era la Pasquetta, la "pequeña Pascua" que los sicilianos agregan después de la Resurrección. Primero nos detuvimos en el bar Caffé Castelli en el pueblo de Nubia para una merienda de panelle, pequeños triángulos de garbanzos fritos, y un sándwich de anchoas, hierbas, aceite y tomate. Luego, de vuelta en casa de Gucciardo, probamos una comida apta para la Pasquetta: sardinas enteras hechas perfectamente a la parrilla, más busiate y un pastel cassata cuyos orígenes se remontan a la era de los conquistadores españoles. Luke probó un poco de todo y luego preguntó si el santo con túnica en el ícono de la pared era Obi-Wan Kenobi.
Catania y Ragusa:
Un mercado y un cocinero
Hicimos el largo recorrido de Trapani a Catania bajo el amparo de la noche y al día siguiente dimos a Luke un breve respiro de la cata de productos marinos para llevarlo al volcán Etna y nos inclinamos por un almuerzo con bolas de arroz rellenas de delicioso ragú.
Pero al día siguiente volvimos a enfocarnos en el mar cuando me escapé, al amanecer, para ir a Pescheria, un conocido mercado de Catania. Encontré a Ciccio Sultano, un chef con dos estrellas Michelin y propietario del Ristorante Duomo en Ragusa. Como un tiburón, Sultano rodeó un lomo de pez espada particularmente agradable, mientras unos vendedores gritaban: "¡Ciccio! ¡Ciccio!". Con cada círculo que hacía, intentaba rebajar el precio (el valor no era sorprendente, pues el pez espada del Mediterráneo es otra variedad que preocupa a los conservacionistas). Mientras tanto, compró 12 erizos de mar, una especie de pargo extra grande llamado "dentón" y tres bandejas de camarones rosados. Insertando su pulgar bajo la cabeza de uno de estos extrajo un dedal de huevos azul topacio. "Caviar", dijo el chef que luego de la cuarta ronda alrededor del pez espada, dejó al vendedor y encontró otro lomo igualmente agradable al precio que quería.
Ciccio Sultano me llevó luego a su rincón secreto del mercado, donde un vendedor ambulante llamado Carlo clavó como un arpón su tenedor en un enorme caldero y sacó un montón de achuras humeantes. "Hoy -dijo Sultano- todo el mundo habla de comida callejera. Esto es comida callejera". Me entregó un pedazo de tripa y luego escribió una frase en la aplicación Google Translate de su teléfono. "El cuarto estómago del ternero", leí en la pantalla. Lo probé y sentí el dolor de Luke.
Dejé a Sultano con la promesa de cenar esa noche en Duomo. Sabiendo que el chef planeaba un asalto culinario siciliano a gran escala, decidimos hacer algo de ejercicio. A una hora de Catania llegamos a la Pantalica, una necrópolis reconocida por Unesco, y que desciende a través de un precioso barranco rocoso resplandeciente y repleto de flores silvestres.
Pronto estábamos sudando a pesar de que los italianos que dejábamos atrás andaban abrigados como si estuviéramos en invierno. En todo ese rato, Luke disfrutaba de otra de las bolitas de arroz del Etna, saboreándola como para asegurarse de que durara todo el camino.
Una vez completada la caminata, seguimos hacia Ragusa. Estaba ansioso por llegar a la ciudad de la famosa colina no solo para probar la comida de Sultano, sino que también porque el chef había olvidado los camarones rosados con huevos azules en el mercado y me había pedido que se los llevara. Equipado con una bolsa de hielo para guardar los camarones, agarré el manubrio del auto arrendado. Por fin, en una calle pocos centímetros más ancha que mi auto, pasé los camarones por la ventanilla del auto a la ventana del local.
Más tarde volvimos al Duomo para una fiesta gastronómica siciliana divertidamente reinterpretada por Sultano. Había unos cannolos similares a los que habíamos comido en otros lugares, pero esta vez estaban rellenos de una sabrosa ricotta y presentados con unos camarones que descansaban encima. Aquí estaban los espaguetis con erizos de mar que habíamos comido en otro lugar (salvo que esta vez venían con la instrucción de "no mezclar") y me sorprendí con sus capas de sabores que aumentaban en aroma de limón a medida que avanzaba hacia el fondo del plato. Aquí estaba la caballa sellada y cocida al horno, pero esta vez cruda y sabrosa. Me encantó todo. Quería que Luke también amase todo, o al menos que lo probase. Pero a esta altura mi hijo ya no daba más. Había probado tanto de Sicilia... La tinta de calamar y la sal artesanal. Las sardinas y las anchoas. Ya era hora de que él volviese a su zona de confort.
Como todo buen cocinero, Sultano se percató de los verdaderos deseos de este pequeño cliente y le ofreció plato tras plato de la pasta a la marinara más lujosa imaginable. Y con un guiño y un pellizco a la mejilla tan típico de Sicilia, puso una amplia sonrisa de gratitud en la cara de Luke.